Los Testigos de Jehová y la condición de los muertos

Los Testigos de Jehová son firmes en cuanto a su posición referente a lo que sucede con los muertos. Su explicación sobre lo que sucede al morir está bien representada en los siguientes párrafos del libro que ellos utilizan para adoctrinar a los nuevos interesados por ésta religión:

 

¿QUÉ SUCEDE REALMENTE AL MORIR?

 

5 Lo que sucede cuando fallecemos no es ningún misterio para Jehová, el Creador del cerebro. Él conoce la verdad, y en su Palabra, la Biblia, explica en qué estado se encuentran los difuntos. Allí se enseña con toda claridad este hecho: cuando una persona muere, deja de existir. La muerte es lo contrario de la vida, de modo que los muertos no ven ni oyen ni piensan. Ni una sola parte de nosotros sigue viviendo cuando muere el cuerpo. En efecto, no poseemos un alma o espíritu inmortal.*

 

6 Después de afirmar que los vivos saben que morirán, Salomón escribió que “los muertos [...] no tienen conciencia de nada en absoluto”. Entonces amplió esa verdad fundamental al decir que no pueden amar ni odiar y que “no hay trabajo ni formación de proyectos ni conocimiento ni sabiduría en el [sepulcro]” (Eclesiastés 9:5, 6, 10). De igual modo, Salmo 146:4 dice que cuando alguien muere, “perecen sus pensamientos”; en efecto, se acaban por completo. Lo cierto es que somos mortales y no seguimos viviendo después de la muerte del cuerpo. Nuestra vida es como la llama de una vela. Cuando se apaga, no va a ningún sitio, sino que sencillamente deja de existir. (¿QUÉ ENSEÑA realmente La BIBLIA?; página 58, párrafos 5 y 6).

 

En efecto, aparentemente, ésta parece ser la interpretación correcta de lo que expone el autor del libro bíblico de Eclesiastés. También, es correcto decir que la palabra hebrea “nefesh”, traducida como “alma” para el Antiguo Testamento, no denota algo inmaterial que sobrevive al cuerpo. Sin embargo, debemos analizar con cuidado el contexto en que el libro de Eclesiastés declara sus afirmaciones, antes de generalizarlas e imponerlas para otros libros bíblicos. El concepto de alma ha evolucionado a lo largo del período bíblico.

 

Por ejemplo, es desconcertante el hecho de que los Judíos precristianos no siguieron unificadamente éstas declaraciones. El libro de Eclesiastés no revela directamente quién es su autor, pero según los primeros versículos puede deducirse que fue el Rey Salomón, aunque hay muchos que dudan de su autoría. La Enciclopedia Católica menciona:

 

Como todas las demás pruebas internas contra la autoría de Salomón no son más convincentes, debemos escuchar la voz de la tradición, que siempre le ha atribuido a él [a Salomón] el Eclesiastés. Los judíos no dudaban de su composición por Salomón, pero se opusieron a la recepción, o más bien la retención, del libro en el canon; la Escuela de Hillel decidió definitivamente que sí pertenece al canon y que es inspirado. En la Iglesia cristiana Teodoro de Mopsuestia y algunos otros durante un tiempo oscurecieron la tradición; todos los demás testigos anteriores al siglo XVI favorecen la autoría e inspiración salomónica.

 

Noten que si bien es cierto que la tradición judía no negaba que Salomón fuera el autor del libro, existía un debate en cuanto a aceptar cada contenido del libro como declaraciones inspiradas directamente por Dios. ¿Por qué razón?, La Enciclopedia Católica dice:

 

Si Salomón escribió el Eclesiastés hacia el final de su vida, el tono sombrío de la obra se explica fácilmente, pues los juicios divinos (1 Reyes 11) que entonces le vinieron encima naturalmente le movieron a la tristeza y el arrepentimiento, sobre todo porque la ruptura de su reino y la acompañante miseria estuvieron claramente ante sus ojos (ver vv. 29 ss.; 40). En medio de la súbita ruina de su poder y esplendor, bien podría exclamar, "¡Vanidad de vanidades!" Pero como Dios le había prometido corregirlo "en misericordia" (2 Sam. 7,14 ss), se vuelve altamente probable la suposición de muchos escritores antiguos de que Salomón se convirtió a Dios. Entonces también entendemos por qué su último libro, o uno de sus últimos, consiste de tres pensamientos: la vanidad de las cosas terrenas, la auto-acusación y una amonestación enfática a obedecer los decretos inmutables de la Providencia. Este último fue muy adecuado para salvar a los israelitas de la desesperación, pues pronto iban a contemplar la caída de su poder. ….....En cuanto al contenido, los críticos atacan los pasajes que se refieren al juicio y la inmortalidad: 3,17; 11,9; 12,7, y además el epílogo, 12,9 s2., especialmente los versículos 13 y 14; también algunos otros pasajes.

 

El libro muestra en algunas porciones un punto de vista epicureísta de la vida del hombre. Por ejemplo, los siguientes versículos muestran sólo el aspecto materialista del acto de morir, sin mencionar alguna esperanza superior para el hombre en comparación con los animales:

 

18 Yo, yo mismo, he dicho en mi corazón, tocante a los hijos de la humanidad, que el Dios [verdadero] va a seleccionarlos, para que vean que ellos mismos son bestias. 19 Porque hay un suceso resultante respecto a los hijos de la humanidad y un suceso resultante respecto a la bestia, y ellos tienen el mismo suceso resultante. Como muere el uno, así muere la otra; y todos tienen un solo espíritu, de modo que no hay superioridad del hombre sobre la bestia, porque todo es vanidad. 20 Todos van a un solo lugar. Del polvo han llegado a ser todos, y todos vuelven al polvo. 21 ¿Quién hay que conozca el espíritu de los hijos de la humanidad, si asciende hacia arriba; y el espíritu de la bestia, si desciende hacia abajo a la tierra? 22 Y he visto que no hay nada mejor que el que el hombre se regocije en sus obras, pues esa es su porción; porque, ¿quién lo hará venir para que mire lo que va a ser después de él? (Traducción del Nuevo Mundo, Eclesiastés 3:18-22)

 

Noten la incerteza en la última pregunta; como si el autor no tuviera definido si algo bueno o malo le espera al hombre en el futuro. De hecho, por su propia experiencia humana, él deduce que todo parece indicar que tanto el sabio como el estúpido tendrán el mismo final :

 

14 Respecto al sabio, tiene los ojos en la cabeza; pero el estúpido va andando en pura oscuridad. Y he llegado a saber, yo también, que hay un mismo suceso resultante que les sucede a todos ellos. 15 Y yo mismo dije en mi corazón: “Un suceso resultante como el del estúpido me sucederá a mí, sí, a mí”. ¿Por qué, entonces, me había hecho yo sabio, yo en demasía en aquel tiempo? Y hablé en mi corazón: “Esto también es vanidad”. 16 Pues no hay más recuerdo del sabio que del estúpido hasta tiempo indefinido. En los días que ya están entrando, todos ciertamente quedan olvidados; y ¿cómo morirá el sabio? Junto con el estúpido. 17 Y odié la vida, porque el trabajo que se ha hecho bajo el sol era calamitoso desde mi punto de vista, porque todo era vanidad y un esforzarse tras viento. 18 Y yo, yo mismo, odié todo mi duro trabajo en que estaba trabajando duro bajo el sol, que dejaría atrás para el hombre que llegaría a ser después de mí. 19 ¿Y quién hay que sepa si él resultará ser sabio o tonto? Sin embargo, él asumirá el control de todo mi duro trabajo en que trabajé duro y en el que mostré sabiduría bajo el sol. Esto también es vanidad. 20 Y yo mismo me volví para hacer desesperar mi corazón por todo el duro trabajo en que yo había trabajado duro bajo el sol. (Traducción del Nuevo Mundo, Eclesiastés 2:14-20)

 

Noten que el versículo 2:16 dice que “no hay más recuerdo del sabio que del estúpido hasta tiempo indefinido”. Aqui la Traducción del Nuevo Mundo de la Sociedad Watchtower traduce la palabra hebrea “owlam” por “tiempo indefinido”. Aunque éste puede ser uno de sus significados, también puede servir para denotar algo que es “para siempre” o “eterno” (Isaías 26:4). De hecho, otras traducciones lo vierten así:

 

Porque ni del sabio ni del necio habrá memoria para siempre; pues en los días venideros ya todo será olvidado, y también morirá el sabio como el necio. (Reina Valera 1960, Eclesiastés 2:16)

 

Esto abre la posibilidad de que Salomón haya pensado que todo lo que había para el hombre es sólo ésta vida terrenal mortal, y que el lugar de los muertos, el Seol, es una condición de inexistencia eterna:

 

Aún hay esperanza para todo aquel que está entre los vivos; porque mejor es perro vivo que león muerto. Porque los que viven saben que han de morir; pero los muertos nada saben, ni tienen más paga; porque su memoria es puesta en olvido. También su amor y su odio y su envidia fenecieron ya; y nunca más tendrán parte en todo lo que se hace debajo del sol. …..Goza de la vida con la mujer que amas, todos los días de la vida de tu vanidad que te son dados debajo del sol, todos los días de tu vanidad; porque esta es tu parte en la vida, y en tu trabajo con que te afanas debajo del sol.Todo lo que te viniere a la mano para hacer, hazlo según tus fuerzas; porque en el Seol, adonde vas, no hay obra, ni trabajo, ni ciencia, ni sabiduría.(Reina Valera 1960, Eclesiastés 9:4-6,9-10)

 

 

Vemos que se muestra una visión del hombre donde sólo él puede esperar algo “bajo el sol”, y nada después y en otro lugar. Si éstas fueran declaraciones absolutas sobre la vida y muerte del hombre, no habría ninguna ventaja a largo plazo para una vida en sabiduría, ya que todos tendrían el mismo destino de inexistencia indeterminada. Cualquier provecho que un proceder sabio puede beneficiar será sólo para una corta vida terrestre (bajo el sol). Esto es lo que éstas palabras del Eclesiastés nos conducen a pensar. De hecho, la secta judaica de los Saduceos, pensaba exáctamente así. ¿Cómo debemos comprender este pesimismo al cual nos conduce el libro de Eclesiastés? Una posible respuesta la ofrece un apologista católico:

 

Los testigos de Jehová han tomado literalmente y fuera de contexto este texto bíblico para afirmar que la persona cuando muere no tiene conciencia de nada, por tanto no hay un alma inmortal que la sobreviva. ….Su principal dificultad reside quizá en no comprender que la revelación divina ha sido progresiva. No debería sorprendernos no encontrar ninguna referencia a la resurrección en todo el pentateuco, (las primeras menciones a la resurrección las encontramos en Isaías 26,19 y Daniel 12, e incluso en tiempos de Jesús los saduceos la rechazaban), y mucho menos el reconocer que la razón es que para ese entonces no había sido revelada. La revelación misma del Mesías como Hijo de Dios y Dios no es igual de clara en el Antiguo como en el Nuevo Testamento. ... para el autor del Eclesiastés, …. no hay un conocimiento claro de premio o castigo a excepción de los bienes y los males de la vida presente. Parece si, vislumbrar que Dios juzgará las acciones del justo y del malvado pero sin conocer la naturaleza de la recompensa.

 

¿Cuál debería ser el provecho que deberíamos sacar de éste libro? Un comentario evangélico nos ofrece una posición iluminativa:

 

Eclesiastés ofrece al cristiano una oportunidad de entender el vacío y la desesperación con la que luchan aquellos que no conocen a Dios. Aquellos que no tienen una fe salvadora en Cristo, se enfrentan con una vida que a última instancia terminará y se volverá irrelevante. Si no hay salvación, y no hay Dios, entonces no sólo la vida no tiene caso, sino que tampoco hay un propósito o dirección para ella. El mundo “bajo el sol,” aparte de Dios, es frustrante, cruel, injusto, breve, y “carente de sentido.” Pero con Cristo, la vida no es sino una sombra de las glorias por venir en un cielo que solo es accesible a través de Él.

 

Tal como mostraremos en los siguientes capítulos, el Eclesiastés no ha podido influenciar plenamente el pensamiento judío, ni el cristianismo primitivo.

 

 

La condición de los muertos según los Judíos contemporáneos a Jesús

 

Flavio Josefo, historiador Judío del siglo I reporta lo siguiente:

 

 

Porque hay tres sectas filosóficas entre los judíos. Los seguidores de la primera son los Fariseos; de la segunda los Saduceos; y de la tercera secta, los que pretenden una disciplina más severa, son llamados Esenios...... Porque su doctrina [de los Esenios] es así: Los cuerpos son corruptibles, y la materia de la que son hechos no es permanente; pero las almas son inmortales, y continúan por siempre; y provienen del más sutil aire, y están unidas a sus cuerpos como aprisionadas, dentro de los cuales ellas están encerradas por una atracción natural; pero cuando son liberadas por los lazos de la carne, entonces ellas, como libertadas hacia una gran bondad, se regocijan y se elevan. Y ésta es parecida a la opinión que sostienen los Griegos....Los fariseos …... tienen más cierta vigilancia y conocimiento de la ley; éstos suelen atribuir todo cuanto se hace a Dios y a la fortuna, y que hacer el bien o el mal está en manos del hombre pero que en todo les puede ayudar la fortuna. Dicen también que todas las almas son incorruptibles; pero que pasan a los cuerpos de otros sólamente las buenas, y las malas son atormentadas con suplicios y tormentos que nunca fenecen ni se acaban. La segunda orden es la de los saduceos, no le atribuyen nada a la fortuna, y dicen que Dios ni hace algún mal ni tampoco lo ve; dicen también que a todos se les propone el bien y el mal, y que cada uno toma y escoge lo que quiere, según su voluntad; niegan la inmortalidad del alma y cualquier retribución o tormento en el Hades. (Flavio Josefo, Las Guerras de los Judíos, libro II)

 

Es interesante éste relato, porque nos revela la división conceptual que existía entre los Judíos del siglo I, contemporáneos a Jesús. No obstante, notamos que sólo los Saduceos abrigaban el concepto de mortalidad del alma, tal como la profesan los Testigos de Jehová. Por supuesto, los saduceos no creían ni en la resurrección, algo que sí creen los testigos. Los saduceos decían “que no hay ni resurrección, ni ángel, ni espíritu”(Hechos 23:8), no porque no creyeran que Dios sea un Espíritu, sino porque no creían que haya algo inmaterial que sobreviva al cuerpo después de la muerte. Sostenían que Dios premiaba a los hombres buenos en vida, por lo que ellos, se sentían justos por causa de su riqueza material. Su visión del destino del hombre era tal como la describe el Eclesiastés, y aunque es probable que éste libro los haya influenciado, sus oponentes los presentan como una secta que rechazaba la autoridad de libros que no sean parte de la Torá (sólo consideraban los cinco primeros libros, atribuídos a Moisés). Pero fuera de la Torá, si hay pasages bíblicos que mencionan un estado consciente en el Seol. Por ejemplo, refiriéndose al Faraón de Egipto el libro de Ezequiel 32:21 dice:

 

De en medio del Seol hablarán a él los fuertes de los fuertes, con los que le ayudaron, que descendieron y yacen con los incircuncisos muertos a espada. Allí está Asiria con toda su multitud; en derredor de él están sus sepulcros; todos ellos cayeron muertos a espada. Sus sepulcros fueron puestos a los lados de la fosa, y su gente está por los alrededores de su sepulcro; todos ellos cayeron muertos a espada, los cuales sembraron el terror en la tierra de los vivientes. (Reina Valera 1960, Ezequiel 32:21-23)

 

Si en el Seol hay gente que habla, es porque está consciente. Y si hay una “tierra de los vivientes” puede haber una tierra de los muertos. También, en el capítulo 14 de Isaías menciona  lo que sería del destino del rey de Babilonia en el Seol:

 

14:9 El Seol abajo se espantó de ti; despertó muertos que en tu venida saliesen a recibirte, hizo levantar de sus sillas a todos los príncipes de la tierra, a todos los reyes de las naciones.

14:10 Todos ellos darán voces, y te dirán: ¿Tú también te debilitaste como nosotros, y llegaste a ser como nosotros?

14:11 Descendió al Seol tu soberbia, y el sonido de tus arpas; gusanos serán tu cama, y gusanos te cubrirán.

14:12 ¡Cómo caíste del cielo, oh Lucero, hijo de la mañana! Cortado fuiste por tierra, tú que debilitabas a las naciones.

14:13 Tú que decías en tu corazón: Subiré al cielo; en lo alto, junto a las estrellas de Dios, levantaré mi trono, y en el monte del testimonio me sentaré, a los lados del norte;

14:14 sobre las alturas de las nubes subiré, y seré semejante al Altísimo.

14:15 Mas tú derribado eres hasta el Seol, a los lados del abismo.

14:16 Se inclinarán hacia ti los que te vean, te contemplarán, diciendo: ¿Es éste aquel varón que hacía temblar la tierra, que trastornaba los reinos;

14:17 que puso el mundo como un desierto, que asoló sus ciudades, que a sus presos nunca abrió la cárcel?

14:18 Todos los reyes de las naciones, todos ellos yacen con honra cada uno en su morada;

14:19 pero tú echado eres de tu sepulcro como vástago abominable, como vestido de muertos pasados a espada, que descendieron al fondo de la sepultura; como cuerpo muerto hollado. (Reina Valera 1960)

 

Éstos versículos también sugieren que en el Seol hay una actividad. Inclusive, Isaías 14:9, según la Biblia de las Américas, dice:

 

 

El Seol, desde abajo, se estremece por ti al recibirte en tu venida; por ti despierta a los espíritus de los muertos, a todos los jefes de la tierra; levanta de sus tronos a todos los reyes de las naciones.

 

Notamos que se habla no símplemente de muertos, como en la antes citada versión Reina Valera, sino de “espíritus de los muertos”. En realidad, la palabra hebrea correspondiente a ésta traducción es “refaím”, que se refiere a los “espíritus de muertos” o “sombras”. La palabra Hebrea que ordinariamente se emplearía para muerto, que es “mooth”. Parece ser que los “refaím” son espíritus sin redención que moran en alguna región del Seol o Hades. En el libro de Job también se les menciona:

 

Las sombras [refaím] tiemblan en lo profundo, Los mares y cuanto en ellos mora. El Seol está descubierto delante de él, y el Abadón no tiene cobertura. (Reina Valera 1960, Job 26 : 5-6)

 

¿Cómo podrían los refaím temblar ante Dios si están inconscientes?. Explícitamente Isaías declara que los refaím no resucitarán:

 

Jehová Dios nuestro, otros señores fuera de ti se han enseñoreado de nosotros; pero en ti solamente nos acordaremos de tu nombre. Muertos[refaím] son, no vivirán; han fallecido, no resucitarán; porque los castigaste, y destruiste y deshiciste todo su recuerdo. (Reina Valera 1960, Isaías 26:13-14)

 

Los judíos traductores de la Septuaginta tradujeron “refaím” por “gigantes”. ¿Por qué les llamarían gigantes? Según Flavio Josefo:

 

Muchos ángeles de Dios convivieron con mujeres y engendraron hijos injuriosos que despreciaban el bien, confiados en sus propias fuerzas; porque según la tradición estos hombres cometían actos similares a los de aquellos que los griegos llamaban gigantes (Antiguedades Judías,Libro I, capítulo 3)

 

Esto indicaría que los refaím eran entendidos por los judíos como siendo los espíritus de aquellos hijos de los ángeles caídos.

 

Podemos ver que los fariseos y los esenios tenían base bíblica para creer en la existencia de espíritus conscientes en el Seol.

 

El Seno de Abraham

 

La Enciclopedia Católica dice:

 

Según las concepciones judías de ese tiempo, las almas de los muertos se reunían en un lugar de espera general, el Seol de la literatura del Antiguo Testamento, y el Hades de los escritos del Nuevo Testamento (cf. Lucas, 16 22, en el griego 16,23). Sin embargo, existía entre ellos una separación local, según sus actos durante su vida mortal. En el mundo invisible de los muertos las almas de los justos ocupaban una morada o compartimiento propio que estaba claramente separado por un muro o un abismo de la morada o compartimento al que eran enviadas las almas de los réprobos. Esta última era un lugar de tormentos habitualmente llamado Gehenna (cf. Mt. 5,29-30; 18,9; Mc. 9,42 ss. en la Vulgata latina) – la otra, un lugar de felicidad y seguridad conocido bajo los nombres de “Paraíso” (cf. Lucas, 23,43) y “el seno de Abraham” (Lucas, 16, 22-23).

 

Cabe resaltar que Jesucristo no condenó ésta creencia. Si Jesús hubiera seguido la agenda de la Sociedad Watchtower él hubiera aprovechado para corregir la idea de que las almas de los justos son llevadas por los ángeles al “Seno de Abraham”, y las de los injustos al Gehena. El Nuevo Testamento sí relata cómo Jesús corrigió la doctrina de los saduceos que no creían en la resurrección, pero nada dijo contra la creencia de que el alma sobrevive a la muerte corporal. Al contrario, Jesús dijo:

 

Pero cierto hombre era rico, y se ataviaba de púrpura y lino, y gozaba de día en día con magnificencia. Pero a su puerta solían colocar a cierto mendigo, de nombre Lázaro, lleno de úlceras y deseoso de saciarse de las cosas que caían de la mesa del rico. Sí; además, los perros venían y le lamían las úlceras. Pues bien, con el pasar del tiempo el mendigo murió, y fue llevado por los ángeles a [la posición del] seno de Abrahán. Y en el Hades él alzó los ojos, mientras existía en tormentos, y vio de lejos a Abrahán y a Lázaro en [la posición del] seno con él. De modo que llamó y dijo: ‘Padre Abrahán, ten misericordia de mí y envía a Lázaro para que moje la punta de su dedo en agua y refresque mi lengua, porque estoy en angustia en este fuego llameante’. Pero Abrahán dijo: ‘Hijo, acuérdate de que recibiste de lleno tus cosas buenas en tu vida, pero Lázaro correspondientemente las cosas perjudiciales. Ahora, sin embargo, él tiene consuelo aquí, pero tú estás en angustia. Y además de todas estas cosas, se ha fijado una gran sima entre nosotros y ustedes, de modo que los que quieran pasar de aquí a ustedes no pueden, ni se puede cruzar de allá a nosotros’. Entonces dijo: ‘En tal caso te pido, padre, que lo envíes a la casa de mi padre, porque tengo cinco hermanos, para que les dé un testimonio cabal, a fin de que no entren ellos también en este lugar de tormento’. Pero Abrahán dijo: ‘Tienen a Moisés y a los Profetas; que escuchen a estos’. Entonces él dijo: ‘No, por cierto, padre Abrahán, pero si alguien va a ellos de entre los muertos se arrepentirán’. Pero él le dijo: ‘Si no escuchan a Moisés y a los Profetas, tampoco se dejarán persuadir si alguien se levanta de entre los muertos’”. (Traducción del Nuevo Mundo, Lucas 16: 19-31)

 

¿Cómo interpreta la Sociedad Watchtower éste pasaje? Es considerado como una parábola:

 

¿Qué significa la parábola? El “hombre rico” representó a los fariseos. (Véase el Lu 16 versículo 14.) El mendigo llamado Lázaro representó a los judíos comunes que eran despreciados por los fariseos, pero que se arrepintieron y llegaron a ser seguidores de Jesús. (Véanse: Lucas 18:11; Juan 7:49; Mateo 21:31, 32.) La muerte de ellos también fue simbólica, y representó un cambio de circunstancias. Así, los que antes eran despreciados pasaron a una posición de favor divino, y los que antes eran aparentemente favorecidos fueron rechazados por Dios, mientras eran atormentados por los mensajes de juicio pronunciados por aquellos a quienes habían despreciado. (Hech. 5:33; 7:54.) (Razonamiento; tema: Infierno, páginas 186-193)

 

 

 

Note que afirmar que “la muerte de ellos fue también simbólica” es una forma facil de evadir lo que en aquella época se enseñaba como castigo y premio para el alma después de la muerte. Los oyentes, acostumbrados a ésta enseñanza popular, no tendrían porqué pensar que Jesús estaba utilizando un mero simbolismo, ya que en ninguna parte Jesús lo indica. La Watchtower pasa por alto este hecho. Si ésta hubiera sido una enseñanza peligrosa, no hubiera sido apropiado usarla, de lo contrario mantendría el concepto errado tradicional de que el alma sobrevive al cuerpo para ser castigada o ser premiada. Si Jesús no creyó en ésta escatología judaica, no podemos saberlo, porque ningún evangelista lo publicó. Si era falsa, Jesús no estuvo preocupado de impedir que se propague, tal vez porque no consideró importante corregirla. No obstante, todo indica que él creyó en ella. A pesar de ésto, La revista Atalaya afirma:

 

Una creencia común en la actualidad es que los seres humanos poseen un alma inmortal que sobrevive a la muerte del cuerpo. Ahora bien, ¿sabía usted que esta enseñanza de la Iglesia fue también un añadido posterior? Jesús ratificó la verdad bíblica de que los muertos “no tienen conciencia de nada en absoluto”, que están, por decirlo así, dormidos (Eclesiastés 9:5; Juan 11:11-13). (La Atalaya, 1 de Junio del 2000, artículo:¿Es aceptable para Dios la cambiante fisonomía del cristianismo? )

 

Éste comentario es engañoso, ya que Jesús no dijo que los muertos no tienen conciencia de nada en absoluto. El hecho de que mencionara que quien ha muerto, es como si durmiera, no implica que el alma dejó de existir. Y en su relato del rico y Lázaro Jesús indica lo contrario.

 

Ahora, leamos algunas citas tomadas de la literatura de los Testigos de Jehová:

 

 

Veamos también el caso de la enseñanza de la inmortalidad del alma, según la cual una parte del hombre sigue viviendo tras la muerte del cuerpo. Los Padres de la Iglesia desempeñaron un papel decisivo en la asimilación de este concepto por parte de una religión que no enseñaba que un alma sobrevive a la muerte. (La Atalaya, 15 de Abril del 2001, artículo: “¿Fueron los Padres de la Iglesia defensores de la verdad bíblica?”, páginas 17-21)

 

¿Acepta su religión lo que dice la Biblia sobre los difuntos? La mayoría de las religiones no lo hacen. ¿Por qué? Porque Satanás ha influido en sus enseñanzas. Él utiliza la religión falsa para hacer creer a las personas que, después de morir, seguirán viviendo como espíritus en otro lugar. Además, combina esta mentira con otras para alejar de Jehová Dios a los seres humanos.....(¿QUÉ ENSEÑA realmente La BIBLIA?; página 64, párrafo 16)

 

Los conceptos demoníacos relacionados con un infierno de tormento difaman a Dios y se originan del principal difamador de Dios (el Diablo, cuyo nombre significa “Difamador”), aquel a quien Jesucristo llamó “el padre de la mentira”. (Juan 8:44.) (Razonamiento; tema: Infierno, página 193)

 

La humanidad en general, y la cristiandad en particular, han imitado a la nación de Israel del siglo primero. La mayoría de la gente y los líderes de la cristiandad prefieren sus propias doctrinas religiosas a las verdades divinas que enseñó Jesús. El clero es especialmente culpable. Se niega a usar el nombre de Jehová e incluso lo elimina de algunas de sus traducciones de la Biblia. Deshonra a Jehová con enseñanzas antibíblicas, tales como las doctrinas paganas del tormento eterno en el infierno, la Trinidad, la inmortalidad del alma....(La Atalaya, 1 de Mayo del 2002, artículo: ”¿Quién sobrevivirá al día de Jehová?”, párrafo 10)

 

Éstas acusaciones de los Testigos de Jehová no resisten un análisis histórico. Los Padres de la Iglesia símplemente siguieron lo que Cristo enseñó, ya que Cristo no condenó el concepto de alma que la Sociedad Watchtower rechaza. Es interesante citar lo que reportó el historiador Eclesiástico del siglo IV, Eusebio de Cesarea, referente a un hecho del siglo III, en el cual la Iglesia tuvo que recurrir a la ayuda del teólogo cristiano Orígenes:

 

Por la misma época de que hablamos, surgieron en Arabia otros que introdujeron una doctrina ajena a la verdad, lo cuales decían que el alma humana, mientras dura el tiempo presente, muere en el transe final juntamente con los cuerpos y con ellos se corrompe, pero que un día volverá a vivir con ellos en el momento de la resurrección. Pues bien, se reunió un concilio de buen tamaño y nuevamente se llamó a Orígenes, que tuvo algunos discursos en público sobre el asunto debatido, de tal forma que condujo a aquellos que primero habían sido engañados a que cambiaran sus opiniones. (Historia Eclesiástica, libro VI, capítulo 37)

 

 

Éste hecho muestra cómo la doctrina de los Testigos de Jehová hubiera sido considerada herética en el siglo III. Desde el siglo II tenemos reportes de que los cristianos creían la supervivencia del alma y el castigo infernal. Por ejemplo, el acta del martirio de Policarpo, que data del siglo II, relata cómo este cristiano fue condenado a morir por fuego por un Proconsul romano:

 

-Proconsul: "Si no te asustan los diente de las fieras, te entregaré a las llamas".

-Policarpo: "Me amenazas con un fuego que dura una hora, y luego se apaga y te olvidas del juicio venidero y del fuego eterno, en el que arderán para siempre los impíos....”.

 

¿De dónde habría tomado Policarpo el concepto de un castigo de fuego eterno? ¿Lo tomó de la literatura pagana? No, lo aprendió de los escritos del Nuevo Testamento:

 

Entonces dirá, a su vez, a los de su izquierda: Váyanse de mí, ustedes que han sido maldecidos, al fuego eterno preparado para el Diablo y sus ángeles.(Traducción del Nuevo Mundo, Mateo 25:41)

 

Y el Diablo que los estaba extraviando fue arrojado al lago de fuego y azufre, donde [ya estaban] tanto la bestia salvaje como el falso profeta; y serán atormentados día y noche para siempre jamás.(Traducción del Nuevo Mundo, Revelación 20:10)

 

La Iglesia primitiva interpretó estos textos literalmente, y no se le puede culpar por eso. Por ejemplo, Ireneo, presbítero cristiano del siglo II, aunque refutó el concepto platónico de la transmigración de las almas, en el cual se afirma que éstas olvidan su vida anterior después de que migrar a otro cuerpo, no negó que éstas sobrevivan al cuerpo. Sobre esto, Ireneo dijo lo siguiente:

 

 

De modo muy completo el Señor enseñó que las almas continúan existiendo, no pasando de cuerpo en cuerpo; sino conservando la personalidad del cuerpo para el cual fueron hechas, y se acuerdan de las obras que aquí realizaron o dejaron de realizar. Cuando relata lo que está escrito acerca del rico y de Lázaro que descansaba en el seno de Abraham , dice que el rico, después de la muerte, reconoció a Lázaro y a Abraham y recordó el puesto que cada uno de ellos había tenido, y le rogó que enviara en su auxilio a Lázaro, al que no había querido hacer participar de su mesa; y luego la respuesta de Abraham, que no sólo sabía lo que él era, sino también el rico; y que más les servía escuchar a Moisés y a los profetas que recibir el anuncio de algún resucitado de la muerte, a aquellos que no quisieran llegar a aquel lugar de castigo. (Ireneo, Contra los Herejes, libro II, capítulo 34)

 

Por otro lado, Hipólito de Roma, un cristiano que escribe a principios del siglo III, define el Hades tal como sigue:

 

El Hades es un lugar creado por Dios debajo de la tierra, donde la luz del mundo no puede llegar. Ya que el sol no alumbra este lugar, hay una oscuridad perpetua. Este lugar ha sido destinado como si fuera un almacén de almas. Los ángeles están puestos como guardianes administrando castigos según los hechos de cada uno. Dentro de este lugar hay un cierto lugar apartado, un lago de fuego inapagable, dentro del cual se supone que nadie ha sido echado todavía… ..Pero los justos (los que obtendrán el reino incorruptible) también están detenidos en el Hades, pero no en el mismo lugar de los injustos. Para este lugar sólo se cuenta con una sola bajada y en la puerta se ha puesto un arcángel con un ejército. Cuando los que son conducidos por los ángeles (designados a las almas) han pasado por esta puerta, no todos siguen por el mismo camino. Más bien, los justos son conducidos hacia la luz por la derecha. Y siendo conducidos por los ángeles puestos en este lugar, son llevados a un lugar lleno de luz, y allí están todos los justos desde el principio. No tienen ninguna necesidad; más bien disfrutan de la esperanza de todas las bendiciones vistas en el futuro, considerando las bendiciones nuevas mejores que las primeras. Tampoco hay ninguna labor. No se sienten el fuerte calor, ni el frío ni las espinas. Los rostros de los patriarcas y los justos siempre sonríen mientras esperan a los demás y el eterno avivamiento en los cielos después de este lugar. Este lugar se llama el seno de Abraham. No obstante, los injustos son arrastrados hacia la izquierda por los ángeles que castigan. Estas almas ya no siguen voluntariamente; más bien son arrastradas como prisioneros por la fuerza. Los ángeles puestos sobre ellas las apresuran, reprendiéndolas y amenazándolas con una mirada terrible, empujándolas a las profundidades de más abajo. Y cuando las almas llegan allí, los que las han traído, las llevan hacia el Gehena. Los que se acercan (al Gehena), escuchan sus movimientos y sienten el calor de su humo. Y viendo de tan cerca el fuego terrible que resplandece, tiemblan de terror, mientras esperan el juicio futuro, sintiendo ya el poder de su castigo. Cuando ven el lugar de los justos, también sufren castigos por sólo verlo, porque entre los dos hay un gran abismo; de modo que, ni los justos, motivados por compasión, pueden cruzarlo, ni los injustos se atreven a hacerlo. Creo que he dicho suficiente en cuanto al asunto del Hades, en el cual las almas son detenidas hasta el tiempo señalado por Dios. Él llevará a cabo la resurrección de todos, no por la transferencia de sus almas a otros cuerpos, sino por medio de la resurrección de sus mismos cuerpos. (Discurso a los Griegos concerniente al Hades)

 

Por consiguiente, el concepto de Hades que enseñaba la mayoría de los líderes de la Iglesia primitiva es tal como lo ha expuesto la Enciclopedia Católica. Tenemos excepciones, tal como Taciano en el siglo II, un discípulo de Justino, que después formó su propia secta. Taciano creía en un concepto de inmortalidad condicional, tal como Justino, pero no parece haber creído que todas las almas dejaban de existir al momento de morir. Taciano dijo:

 

¡Oh Griegos!, el alma en sí no es inmortal, sino mortal; pero es posible que no muera. Si no conoce la verdad, muere y se deshace con el cuerpo; pero se levanta de nuevo al fin del mundo con el cuerpo, recibiendo la muerte por el castigo eterno. Pero cuando adquiere el conocimiento de Dios, no muere aunque por un tiempo permanece disuelta. (Taciano, “Discurso a los Griegos”, capítulo 13)

 

Note que el concepto de mortalidad en Taciano no concuerda con lo que dicen los testigos de Jehová, que afirman que el alma no sobrevive al cuerpo. Para Taciano, el alma que adquiere el conocimiento de Dios permanece, aunque separada del cuerpo.

 

Por otro lado Cristo dijo:

 

Y no se hagan temerosos de los que matan el cuerpo pero no pueden matar el alma; sino, más bien, teman al que puede destruir tanto el alma como el cuerpo en el Gehena. (Traducción del Nuevo Mundo, Mateo 10:28)

 

Éstas palabras de Cristo, parecen indicar que el alma es indestructible por causas naturales, no muere junto con el cuerpo. De hecho, el libro de Apocalipsis menciona una actividad consciente en las almas de personas muertas :

 

Cuando abrió el quinto sello, vi bajo el altar las almas de los que habían sido muertos por causa de la palabra de Dios y por el testimonio que tenían. Y clamaban a gran voz, diciendo: ¿Hasta cuándo, Señor, santo y verdadero, no juzgas y vengas nuestra sangre en los que moran en la tierra? (Revelación 6:9-10)

 

 

Vemos que los cristianos primitivos tenían apoyo bíblico para creer que las almas no morían inmediatamente después de morir el cuerpo.

 

Aniquilación o Perdición

 

La polémica de lo que sucede con el alma en el Gehena se debe a dos palabras griegas usadas en Mateo 10:28: apokteino y apollumi. Podemos ver cómo fueron traducidas en tres diferentes versiones :

 

 

Y no se hagan temerosos de los que matan (apokteino) el cuerpo pero no pueden matar (apokteino) el alma; sino, más bien, teman al que puede destruir (apollumi) tanto el alma como el cuerpo en el Gehena. (Traducción del Nuevo Mundo)

 

Y no temáis a los que matan (apokteino) el cuerpo, pero no pueden matar(apokteino) el alma; temed más bien a Aquel que puede llevar a la perdición (apollumi) alma y cuerpo en la gehenna. (Biblia de Jerusalén)

 

Y no temáis a los que matan(apokteino) el cuerpo, mas el alma no pueden matar(apokteino); temed más bien a aquel que puede destruir (apollumi) el alma y el cuerpo en el infierno.(Reina Valera 1960)

 

No hay duda que la palabra griega apokteino significa “matar”. Pero la palabra “apollumi” denota “perdición”, “desaparición” y “destrucción”.

 

¿Qué hombre de ustedes que tiene cien ovejas, al perder (apollumi) una de ellas, no deja las noventa y nueve atrás en el desierto y va en busca de la perdida hasta que la halla? (Traducción del Nuevo Mundo, Lucas 15:4)

 

¿O qué mujer que tiene diez monedas de dracma, si pierde (apollumi) una moneda de dracma, no enciende una lámpara y barre su casa y busca cuidadosamente hasta que la halla? (Traducción del Nuevo Mundo, Lucas 15:8)

 

Éstos dos textos demuestran que “apollumi” no implica necesariamente aniquilación. Quienes abogan por un tormento eterno en el Gehena, argumentan que Cristo hizo uso de la palabra apollumi para indicar que el alma y el cuerpo no se aniquilan allí, sino que se pierden en un tormento interminable. En el Evangelio de Lucas podemos leer el mensaje equivalente de Mateo 10:28

 

Además, les digo, amigos míos: No teman a los que matan el cuerpo y después de esto no pueden hacer nada más. Pero yo les indicaré a quién temer: Teman a aquel que después de matar tiene autoridad para echar en el Gehena.(Lucas 12:4-5)

 

Si la muerte del cuerpo dejara sin existencia al alma, no tendrían sentido decir que ésta puede ser después echada al Gehena. Tertuliano, escribe a finales del siglo II:

 

Si la muerte no es otra cosa que la separación del alma y del cuerpo, la vida, que es lo contrario de la muerte, no se puede definir más que como la unión del cuerpo y del alma. Si la separación de las dos sustancias se produce simultáneamente por la muerte, la ley de su unión nos obliga a pensar que la vida llega simultáneamente a las dos sustancias. Mantenemos, pues, que la vida empieza en la concepción, pues defendemos que el alma existe desde este momento, y el principio de la vida es el alma. (Tertuliano, “Sobre el Alma”, capítulo 27)

 

El Teólogo cristiano Orígenes de Alejandría (del siglo III), cuenta que entre los principios universalmente aceptados por las Iglesias de su tiempo, era la inmortalidad del alma, la vida eterna y el castigo del fuego eterno:

 

 

La enseñanza apostólica es que el alma, teniendo substancia y vida propia, será premiada según lo que merece, siendo destinada a obtener una herencia de vida eterna y bendiciones, o a ser entregada al fuego eterno y castigos, si la culpa de sus crímenes conduce a ésto. Y también, que hay una resurrección de los muertos, cuando éste cuerpo, que ahora “está vestido de corrupción, se levantará en incorrupción”, y lo que “está revestido en deshonor, se levantará en gloria”. (Orígenes, Sobre los Primeros Principios, Prefacio)

 

 

 

De hecho la mayoría de los Padres de la Iglesia creían que las almas de los inicuos están reservadas para un castigo y tormendos eternos al final de los tiempos, tal como Cristo lo afirma al final del capítulo 25 del libro de Mateo. Citaremos a tres cristianos que aseveraron esto a comienzos del siglo III:

 

 

Estos han expuesto aún antes que nosotros las pruebas que él ha dado de su majestad en juicios por inundaciones y fuegos, las normas designadas por él para asegurar su favor, así como la retribución reservada para los negligentes, abandonándolos y guardándolos, ya que se acerca el fin de todo para considerar a sus adoradores para la vida eterna, y a los impíos para la condenación en el fuego que nunca termina y nunca se apaga, levantando de nuevo a todos los muertos desde el principio, reformándolos y renovándolos con el objeto de concederles cualquier recompensa correspondiente. (Tertuliano, “Apologético” 18:3)

 

Estando ante el juicio [de Cristo], todos ellos, hombres, ángeles, y demonios, gritando a una sola voz, dirán: ‘¡Justo es tu juicio!’ Y la justicia de ese grito será manifestada en la recompensa hecha para cada uno. Para aquellos que han hecho el bien, les será dado el gozo perpetuo; mientras a los amantes del mal, les será dado el castigo eterno. El fuego inextinguible e interminable aguarda a estos últimos, y un cierto gusano ardiente que no muere y que no desgasta el cuerpo pero que continuamente brota del cuerpo con incesante dolor. Ningún sueño les dará reposo; ninguna noche los calmará; ninguna muerte los librará del castigo; ningún ruego intercesor de amigos los beneficiará (Hipólito de Roma, ”Contra los griegos 3”)

 

No soy ignorante sobre el hecho de que muchos, en la inconsciencia de lo que merecen, esperarían creer realmente que nada les espera después de la muerte. Ellos preferirían ser aniquilados, más bien que restaurados para castigo....Tampoco hay ni medida ni fin para esos tormentos. Ese fuego inteligente quema los miembros y los restaura, los desgasta y sin embargo los sostiene, como rayos ardientes que golpean los cuerpos pero no los consumen (Minucio Félix , “Octavius” 34:12-5:3).

 

El lector puede comprobar que éstas declaraciones tienen base en lo que dijo el profeta Isaías al final de su libro:

 

Y realmente saldrán y pondrán la vista sobre los cadáveres de los hombres que estuvieron transgrediendo contra mí; porque los gusanos mismos [que están] sobre ellos no morirán, y su fuego mismo no se extinguirá, y tienen que llegar a ser algo repulsivo para toda carne. (Traducción del Nuevo Mundo, Isaías 66:24)

imagen tomada de la página http://www.elinfierno.org/

 

Conclusión

 

Hemos mostrado que la Iglesia de los tres primeros siglos, no enseñó lo que los Testigos de Jehová profesan sobre el alma. No se ha reportado ningún documento en que los cristianos primitivos hayan considerado el libro de Eclesiastés como punto referencial en su concepción de lo que sucede después de morir. De hecho, ni Cristo parece haber apoyado tal idea, tal como lo muestran sus propias declaraciones. Hemos documentado ámpliamente el hecho de que la Iglesia primitiva creía en el Infierno, aunque no usara ésta palabra específica para denotarlo. Una actividad espiritual consciente después de la muerte tiene sustento en libros como Isaías, Job, y la historia de la aparición del profeta Samuel ante Saúl (1 de Samuel 28:11-20). A pesar de que otros pasajes del Antiguo Testamento niegan la existencia de espíritus en el Seol, no han tenido la suficiente influencia en la mayoría de los rabinos del siglo I, ni en los Padres de la Iglesia. No obstante, no afirmamos dogmáticamente que exista un castigo interminable en un lugar tal como el infierno. Sólo hemos mostrado que los Padres de la Iglesia no apostataron al enseñar este concepto, sino que símplemente interpretaron literalmente algunos pasajes bíblicos, que incluso, tienen apoyo en enseñanzas tradicionales judías que Jesús no condenó explícitamente. Los testigos de Jehová tienen derecho a interpretar la Biblia como mejor les parezca según su conciencia, no obstante, no tienen derecho a juzgar deshonestamente la historia de la Iglesia primitiva. No es correcto clasificar a los cristianos de verdaderos o falsos por interpretaciones particulares de asuntos escatológicos. La elección individual por alguna interpretación no será determinante para nuestra salvación eterna.